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Nostalgia Is Driving Us Crazy
Quizá no extrañamos los viejos tiempos. Quizá extrañamos cómo nos sentíamos en ellos.
Reboots, remakes, secuelas, precuelas. La moda vuelve, la música vuelve y las películas que veíamos de pequeños regresan una y otra vez.
Todo vuelve.
El búnker emocional
Pero ¿realmente lo pedimos porque era mejor o porque necesitamos sentir que, al menos durante un rato, seguimos viviendo en una época más sencilla?
El presente se siente caótico: crisis de vivienda, guerras, economía inestable, calentamiento global, dictaduras. Y ahí aparece la nostalgia, como una especie de búnker emocional donde podemos escondernos y recordar que antes todo era mejor.
Aunque sabemos que no era verdad.
El pasado también tenía problemas, pero nuestra memoria hace una selección muy conveniente. Borra lo incómodo y conserva las canciones, las películas, la ropa y los momentos que nos hacían sentir seguros.
Por eso consumimos cualquier cosa que nos devuelva a nuestra infancia. No solo compramos una película, una canción o una tendencia: compramos el sentimiento que viene con ella.
The business of remembering
Las marcas lo saben. Hollywood lo sabe. La industria musical lo sabe.
Saben que reconocer algo nos resulta más cómodo que descubrir algo nuevo. Que volver a ver un personaje, escuchar una canción antigua o vestir como en los 2000 puede hacernos sentir bien, aunque sea durante cinco minutos.
Y quizá ese sea el verdadero problema: la nostalgia ya no es solo un recuerdo bonito. Se ha convertido en una droga perfectamente diseñada para que sigamos consumiendo el pasado mientras intentamos ignorar el presente.
Maybe we don’t miss the old days.
Maybe we just miss how we felt in them.
Maybe we don’t miss the old days. Maybe we just miss how we felt in them.

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